He estado un poco silenciosa estos días, consecuencia de varias cosas, entre ellas un cambio de casa y ahora estoy, como suele decirse, " a dos parroquias". Me vuelvo a mi casa de la playa y esto me está llevando un tiempo. Pero bueno, no hay prisa, la prioridad es el tratamiento para mi enfermedad. La radioterapeuta presentó mi caso al comité médico y éste aceptó que me solicitaran un PEC/TAC, que estoy ahora esperando. Parece que no tienen muy claro lo de la lesión milimétrica en el pulmón, es decir, que existe si, pero que sea tumoral no lo parece claro en el TAC, así que es posible que sea una antigua lesión. De momento he empezado la radioterapia, hoy ha sido el segundo día y han decidido que en vez de ser paliativa y, dado que he agotado casi todos lo ciclos recomendables de quimioterapia, ahora será con el objetivo de destruir el tumor que queda y serán de momento 27 sesiones.Yo me voy encontrando un poco mejor del dolor, quizá sea el tratamiento, quizá sea que se va asentando el cuerpo o que los efectos de la quimio se van pasando, no lo se, pero me voy encontrando un poquito mejor, de manera que hoy mismo, mientras caminaba hacia el hospital me sentía casi como antes, hay momentos en los que me siento así y que hacía tiempo no sentía y eso me anima mucho porque me da que pensar. Ayer mismo bajaba desde la planta de arriba de mi casa una bolsa de esas grandes llena de ropa desechada y pesaba un montón, cuando llegué abajo me di cuenta de que, aunque sudaba, estaba aún fuerte y eso me animó mucho porque empecé a ver positiva la situación, me dije que en mí estaba aún la salud, luchando por superar esta enfermedad y creí posible que la superara, no sólo con esa fe que se repite una muchas veces, sino con la posibilidad real dentro de mi propio cuerpo.
A la vez empiezo a tomarme la situación actual como una oportunidad de limpiar mi propio interior. Creo que en vez de sentirme sola y desgraciada debo sentirme llena de energía con la que poder amar. Me he dado cuanta de que estoy muy metida en mi misma, pensando siempre en mi situación y ahora quisiera abrir los ojos para dar sin condiciones. Creo que mi marido, por ejemplo, merece todo mi agradecimiento por la forma incondicional que está conmigo en esta lucha y a lo mejor no he tenido tiempo de decírselo, de corresponder a su entrega, a su cariño, a su devoción, como él se merece y yo, que tanto suelo decir que quiero la inofensividad en mi vida, he empezado a pensar que es algo más que un concepto, es una entrega a una causa que se encuentra fuera de uno mismo, en los demás, en la naturaleza, en la vida misma que corre por las venas de toda la creación.
Ahora me pregunto que es lo que debo aprender de esta experiencia, que es amarga, sin duda, pero que hay que aceptar como un reto no buscado que tiene un mensaje, pues toda vivencia debe ser vista, creo yo, desde la perspectiva del aprendizaje y siempre con la mirada positiva. Ahora que creo que puedo superar esta enfermedad, la angustia desaparece y comprendo que es el miedo lo que atenaza nuestras vidas. Los enfermos de cáncer, o de otra enfermedad con connotaciones similares, es en primer lugar un ser asustado, incapaz de reaccionar , sobre todo cuando la enfermedad continúa tras tres años, como mi caso, y el dolor nos va cercando y no sabemos expresar lo que nos ahoga por dentro. Creo que en los tratamientos se echa en falta ese apoyo espiritual, moral y/o anímico que coloque al enfermo en una situación liberadora. Ahora siento deseos de compensar a mi marido por todo lo que me ha estado dando en silencio sin que yo me diese cuenta de su angustia, de su dolor, de su esperanza, de su silenciosa dedicación y sólo siento deseos de dar gracias por tenerle conmigo, viendo la necesidad que tiene de que yo me sienta relajada, positiva y, sino feliz, al menos esperanzada. Y así como, por ejemplo, mi hermana pequeña, también tan preocupada siempre, cada poco animándome, dándome un apoyo positivo y un cariño silencioso. Y siento que necesito compensarles, nada mejor que mostrarles mi agradecimiento y que volcarme en su necesidad de verme sonreír.
Y a medida que voy reconociendo estas cosas me voy dando cuenta de que un peso enorme se me va quitando del pecho, como si hubiese estado hundida en una negra sima y ahora por fin viese la luz del sol. Y ya ven, no estoy curada aún, soy todavía una enferma con cáncer en un tratamiento de radioterapia que no se si resultará, pero que no se porque pienso que si, porque me siento llena de vida por dentro y es que si pensamos en positivo hay mucho camino adelantado y el miedo no es buen compañero de camino para ninguna experiencia vital.
El otro día dije que había tomado un compromiso vital con la curación. Creo que estoy en el camino correcto, no sólo anímicamente, sino en el campo de la alimentación, por ejemplo, que cuido mucho, procurando comer cosas sanas, mucha verdura, mucha fruta, nada de carne, un poco de pescado, algo de leche, huevos, yogurt y zumos. Y, sobre todo, un compromiso conmigo misma, en lo que yo llamo "la búsqueda de la verdadera paz", algo difícil en nuestros días, sobre todo con la sociedad tan dura y conflictiva que tenemos que vivir, pero creo que estoy en el camino, por eso la curación es más que posible, es el milagro y confío por vez primera en ella y en su realidad.






